Deja de ser y comienza a hacer

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Por mucho tiempo aprendimos a ser personas activas dentro de la iglesia, de actividad en actividad. Muchas veces día tras día, semana tras semana, mes tras mes y así lo hemos hecho año tras año. Pero a ninguno, muchas veces se nos ocurrió preguntarle a Dios: ¿Es esto lo que tú quieres que hagamos? ¿Es esto lo que tú quieres que haga yo? Un montón de actividades y reuniones con poco o ningún resultado, agotados física, mental, emocional y hasta espiritualmente. Hemos vivido una vida tan dependiente del pastor, de los líderes, de las reuniones, de los servicios semana tras semana, que sustituimos nuestro tiempo en intimidad con Dios por nuestro tiempo en las actividades de la iglesia. Y así se nos fueron los días, los meses y los años.

Pero la verdadera instrucción fue: Buscar el reino de Dios y su justicia – o sea, esto es a Cristo, el camino, la verdad y la vida, quien nos lleva al Padre y nadie llega si no es por Él. Dejamos de ser hijos para ser siervos y guerreros, enfocando nuestra vida en las actividades y, el resto de ella, en el enemigo, a quien siempre le estábamos dando cabida en cualquier momento de adversidad que tuviéramos, aún en nuestra vida cotidiana. Todo era el diablo, eso nos hacía sentir bien espirituales, ¡wow!

Hemos aprendido a sobrevivir sin identidad y sin diseño o proyecto de vida. Porque la realidad es que el Padre (somos hijos) nos dio a todos un proyecto divino que desconocemos. Cuando el Padre nos diseñó en la eternidad, porque salimos de adentro de él, nos creó con un proyecto divino para cada uno. Él puso en cada uno un diseño especifico que nos corresponde ejecutar o llevarlo a cabo aquí en la tierra.

Pero para poder entender eso, necesitamos entrar en intimidad con Él. El anhelo de su corazón es que sus hijos se acerquen a Él para llenarlos de su verdad, para que conozca su perfecto plan, su diseño exacto. Nadie tiene mayor deseo que Él mismo en que su diseño en ti sea cumplido, porque para eso Él mismo te lo dio. De otra manera no te lo hubiera dado. Todo lo que Dios da, lo da con un propósito y al final nos va a pedir cuentas por lo que puso en nuestras manos y no utilizamos acorde al proyecto que Él estableció.

Es tiempo de que dejemos de hacer y hacer y comencemos a alinear nuestras vidas a su plan perfecto. Que cuando te llame a su presencia y te pregunte: ¿Qué hiciste con lo que te di para hacer? Puedas responder, aquí está el resultado de lo que pusiste en mis manos Padre, te lo entrego con satisfacción de haber cumplido la asignación de vida. Nada dará a tu vida mayor satisfacción. Conéctate con el Padre en intimidad y él te responderá, y te enseñará lo que tú no conoces.  El anhelo de su corazón es que le busques y Él se deja encontrar. No te conformes a este siglo, recuerda que eres un ser espiritual, viviendo una experiencia humana.

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