Sé limpio

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He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición Deuteronomio 11:26.

Cuando Jesús se encontraba con leprosos, la expresión que utilizaba para hacerles libre se su lepra, era: sé limpio. Si estudias las historias de la biblia, verás que, en lugar de sanidad se habla de limpieza o de purificación. Y es que la lepra, más que una enfermedad de la piel era el reflejo de lo que una persona era en su interior. Al entrar a estudiar con relación a esto, encontré dos razones por las que las personas manifestaban lepra: avaricia y calumnia.  Ambos son altamente destructivos con relación a nuestro prójimo, al punto tal de asesinarlos. Uno de manera física y otro de manera espiritual.

Es entonces cuando puedes entender que el término: sé limpio, definitivamente estaba más ligado a un el aspecto espiritual, porque lo que está contaminado realmente no es la piel del leproso, sino su corazón.

Quizá hoy día, la lepra no es algo que podamos ver en la piel de la gente, pero hay mucha gente que camina en una vida de maldición y enfermedad continua, y no pueden ver que cargan lepra y los está consumiendo. La avaricia, que te lleva a actuar de manera injusta contra tu prójimo, y la calumnia o el hablar mal de tu prójimo, indistintamente de que sea cierto o no lo que esté diciendo, más que agredir o dañar a tu prójimo, a quien están dañando es a ti.

La palabra nos enseña a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, lo que implica que yo no le haría a mi prójimo lo que yo no quisiera que me hicieran, ni tampoco hablaría de mi prójimo de la manera que no quisiera que hablaran de mí. No le damos valor a estas cosas, por eso nos hemos convertido en asesinos libres. Pero al final, pagamos las consecuencias de no dar valor a lo que nos dice la palabra.

La biblia no es un libro de sugerencias, es un libro de vida. Cada palabra escrita ahí es una dirección que, cuando la tomamos con la seriedad y la honra que esta merece, mi vida será una de bendición, de lo contrario, no puedo esperar la bendición porque estoy yendo en contra de lo establecido para que la bendición me alcance.

Es tiempo de comenzar a conocer y a vivir los principios del reino. Amar a mi prójimo es la manera en que hago notar que soy hijo, porque: ¿Cómo podré amar a Dios, a quien no he visto, si no puedo amar a mi prójimo a quien no he visto? Amando a mi prójimo, amo a Dios, eso es un principio del reino. No me toca a mi ser juez de mi prójimo, ni asumir actitud de avaricia, que no me permita bendecirlo. Al final, la vida o la muerte son para mí, de acuerdo con como escoja ser con mi prójimo. He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición – Deuteronomio 11:26. Escoge correctamente, la decisión es tuya.

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