De lo que estás lleno, vas a hablar.

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Todos deseamos crecer y avanzar en la vida, y para hacerlo es importante que asumamos la actitud correcta que nos empuje hacia eso. El deseo de hacerlo puede que esté en todos, pero la actitud correcta, no siempre está. Por eso hoy quiero hablarte de dos cosas que debemos erradicar de  nuestra vida ya que, de seguro,  van a detener el avance, por mucho que lo deseemos.  Se trata de la queja y la auto compasión (pena).

La queja y la pena, en gran medida, son conductas aprendidas. Si las tenemos en nuestra vida, es porque muy  posiblemente han estado a nuestro alrededor. Ellas operan de manera muy sutil, tan sutil que llegan a ser lo normal y lo cotidiano en nuestras vidas. Se apoderan de nuestro pensamiento y se hacen parte de nuestra normalidad. La biblia nos enseña que tal cual es el pensamiento en nuestro corazón, así somos – Proverbios 23:7. O sea, que, si la conducta humana es pensamiento, sentimiento y luego acción, entonces eres lo que piensas.

La queja y la autocompasión, generalmente nacen de la insatisfacción. Vivimos buscando que todo nos satisfaga y a al no encontrarnos satisfechos, llega ese sentimiento de pena y queja que se convierte en algo continuo. Comenzamos a vivir como si la vida fuera injusta con nosotros y nos debiera algo. Empezamos a ver faltas en todo, nada es tan bueno ni es suficiente, nada nos complace. Y no te estoy hablando de no anhelar la excelencia o de ser conformistas con las cosas.

¿Sabes que está comprobado que las quejas continuas, a nivel neuronal, predisponen al cerebro a vivir quejándose de manera natural? Además, reducen el hipocampo, que es un área del cerebro para la resolución de problemas e ideas complejas. La queja llena tu cuerpo de cortisol, la sustancia que produce el estrés. Altera nuestro estado de ánimo, dificulta las buenas relaciones con los demás (la gente se cansa de escuchar las continuas quejas), nos paralizan, ya que nos nublan la forma en la que vemos las cosas, nos desgastan, ya que nos roban energía. En lugar de llevarnos a ver soluciones, solo nos llevan a ver problemas. La queja y la pena nos van llevando a convertirnos en personas amargadas, solitarias, frustradas, desanimadas con todo. Comienzan a desarrollar en nosotros sentimientos de envidia, vivimos comparándonos con otros y, por sobre todo, nos quitan la paz. Así que, visto desde cualquier ángulo, estos sentimientos solo traen maldición.

Vienen tiempos para nuestras vidas en los que necesitamos estar enfocados para lograr  nuevas metas y objetivos, y si estas dos actitudes se presentan en nuestra vida, nos van a desenfocar. La raíz  para ser libres de esto se encuentra en el perdón y en poder soltarnos de la atmósfera en la que los hemos recibido. Perdona a aquellos  o aquello que sientes que te deben. La vida se trata de tus decisiones, ya no más de lo que otros hayan podido hacerte o no hacerte, darte o no darte. Reconoce la atmósfera en la que te has rodeado y a la gente que te ha contaminado con esta actitud y comienza a cortar con ellos. No permitas más que esto contamine tu vida. Suelta la pena por lo que pareces no tener o no lograr y comienza a enfocarte en aquel que dijo que a través de Él lo tienes todo y estás completo. Hoy tú decides, es tiempo de perdonar, soltar y enfocarte. Solo así vas a ver como comienzas a logra lo que tanto has anhelado y la vida te sorprenderá cuando estés enfocado en Jesús.  Llénate de Jesús y verás como todo en tu vida será invado por Él.  No habrá motivos para sentir pena ni deseos de quejarte porque te sentirás pleno y satisfecho, solo en Él  lo tienes todo y estás completo. Bendiciones.

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